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01/05/2008 Halgo que sobre exita a un hombre es el ver a dos mujeres besandose, "Diooooos..! Ahora bien, no sucede lo mismo cuando vemos a dos (2) hombres haciendo lo mismo si somos heterosexuales. Conversando con unas amigas (heteros), me comentaron que sentian el mismo asco cuando veian a mujeres en contacto fisico o filteo. exploremomos con este articulo algunas inquietudes de la cultura lésbica..! Extraido de: http://www.creatividadfeminista.org/ esperamos aclarar algunas inquietudes. Este trabajo intenta sintetizar y dar a conocer algunas teorías, reflexiones y luchas de las lesbianas y de sus movimientos en diferentes partes del mundo. Se origina en un primer texto escrito en francés para la rubrica « lesbianismo » del Diccionario Feminista recientemente publicado por el grupo de investigación feminista GEDISST. Esto explica en parte su estilo y su carácter de “catálogo”, que presenta corrientes a veces bastante opuestas (1). Aquí dejo de lado, a consciencia y propósito, muchos temas más conocidos, como la patologización y represión del lesbianismo, y también gran parte de las tendencias insertadas en el movimiento homosexual mixto. Vinculándose generalmente con luchas contra el SIDA, y luego con reivindicaciones hacía el « matrimonio » y la igualdad de derechos, estas tendencias se enmarcan en una defensa de la « preferencia sexual » y de la « tolerancia » y en una búsqueda de « reconocimiento » por parte de la sociedad heterosexual. Se perfilan por tanto como luchas por la libertad individual y la integración, que, aunque importantes, no cuestionan de fondo el sistema social. Aquí quiero rescatar más bien elementos menos conocidos que tienden a una crítica radical, tanto de la sexualidad en su conjunto, como de la heterosexualidad como sistema político, y del sistema patriarcal, racista y clasista imperante. También quiero señalar que el presente texto se basa sobre todo en grupos y reflexiones provenientes del mundo francófono por una parte, norteamericano por otra parte, y también latinoamericano y del Caribe. La historia lésbica de Asia, Africa y Oceanía, deberá ser buscada en otras partes. Finalmente, debo subrayar que por la misma situación política de hegemonía occidental, tienden a ser producidas más teorías en los países del Norte y por parte de mujeres blancas, urbanas y de clase media, teorías que gozan de más amplia difusión que las que se originan en otras lesbianas, lo que refleja este artículo y que no deja de ser una limitación. En este texto entonces, que invita sobre todo a la profundización, presento seis puntos que intentan reconstruir cierto orden cronológico e hilación política-lógica —aunque a costa de simplificaciones y arbitrariedades, como toda reconstitución a posteriori y desde una posición de implicación en el movimiento. Primero, evoco la relatividad de lo que se llama « lesbianismo » y a la vez la importancia de usar el término « lesbiana » frente a una concepción general-masculina de la homosexualidad. En un segundo momento, abordo los conflictivos lazos del movimiento lésbico con los movimientos homosexual y feminista, así como los fundamentos teóricos del movimiento lésbico autónomo que se forma progresivamente. A continuación, presento otros desarrollos de la teoría y de las luchas lésbicas, en especial los aportes y cuestionamientos de las lesbianas no-blancas y de los sectores populares. Finalmente, evoco las teorías liberales “prosexo” y “queer”, que se perfilan más bien como una vuelta hacía posiciones fuertemente influenciadas por el pensamiento masculino. 1. Variedad de las prácticas sexuales y amorosas entre mujeres y de sus interpretaciones. En muy diferentes culturas y épocas, han existido mujeres que se relacionan sexualmente, amorosamente y/o afectivamente con otras mujeres. Los ejemplos son de los más variados. Se encuentra una larga lista de poetas, que en primera persona dieron testimonio de su vivencia lésbica, desde Sapho, de la antigue isla de Lesbos, hasta la afronorteamericana Audre Lorde, desaparecida en 1993, quien fue a la vez teórica, militante y notable escritora (Lorde, 1982 a, 1984). En la India en la época pre-védica, se encuentran mitos que hablan del papel destacado de las mujeres y esculturas muy explícitas de relaciones sexuales entre mujeres (Thadani, 1996). En Zimbabwe, la recién desaparecida Tsitsi Tiripano y el grupo lésbico-gay GALZ en el que militaba son una prueba fehaciente de que el lesbianismo existe en culturas africanas (Aarmo, 1999). En Sumatra, Indonesia, las « tomboy » son mujeres « masculinas » que establecen relaciones de pareja con otras mujeres (Blackwood, 1999). La antropología por su parte señaló hace mucho el caso de las y los « berdaches » en las poblaciones indígenas de los llanos del norte del continente americano : son personas que, a pesar de haber nacido hombres o mujeres, son consideradas socialmente como pertenecientes al sexo/género opuesto y por tanto buscan pareja de su propio sexo (2). De forma mas general, varias poblaciones indígenas del continente manejan la noción de personas de « doble espíritu », que a menudo tienen poderes mágicos-chamánicos y cuyo comportamiento sexual podría ser visto como homosexual en el marco de las concepciones occidentales actuales (Lang, 1999). Sin embargo, cada sociedad
construye e interpreta estas prácticas sexuales y amorosas entre mujeres
de forma diferente, y su visibilidad y legitimidad varían enormemente
según la concepción que cada sociedad tiene de lo que es ser mujer u
hombre, como lo analiza la antropóloga francesa Nicole Claude Mathieu en
un profundo artículo sobre la diversidad de las formas de articulación
entre sexo, género y sexualidad (Mathieu, 1991). De hecho, hay sociedades
por ejemplo que solo conciben la existencia de un género (el masculino),
que luego se divide en dos sexos, como la sociedad africana !Kung ! A su
vez, la sociedad Inuit, cerca del círculo polar, atribuye un(os) género(s)
a las-los recién nacidas según aquél de la(s) persona(s) que en ella o él
se reincarnaron : así, una bebé hembra puede ser considerada socialmente
como un varón, si en ella regresa el espíritu de su abuelo. Sin embargo,
al llegar a la edad reproductiva, sufren una reubicación social en su sexo
biológico, en vista al matrimonio reproductivo. En varias sociedades
africanas, existe matrimonio entre mujeres, sin embargo ello no significa
que sean lesbianas. Más bien se trata de una forma para mujeres mayores y
relativamente ricas de asegurarse una descendencia, obteniéndola de la
mujer más joven que toman como esposa y que tiene relaciones sexuales con
varones para este fin. Apenas recientemente, y en el pensamiento occidental, es que se le empieza a atribuir a la gente una personalidad e identidad sexual específica y (relativamente) fija, con base a sus prácticas sexuales. Aún así, solo progresivamente se ha constituido la categoría y el término de lesbiana. Algunas historiadoras documentan la aparición del término « tribadismo » para nombrar las relaciones sexuales entre mujeres al comienzo del siglo XVIII (Bonnet, 1995). Ya a mitad del siglo XIX, la medicina y sobre todo la psiquiatría nasciente (seguida por el psicoanálisis) empiezan a interesarse por lo que llaman el « tercer sexo », interviniendo fuertemente en su categorización como «invertidas-os» y su patologización, y buscando su « curación » (Lhomond, 1991). La sexología, que aparece a finales del siglo XIX, continua esta tendencia clasificadora y normalizadora (Jaspard, 1997). Havelock Ellis, uno de sus fundadores, desarrolla la hipótesis de un origen congénito de la homosexualidad, con la esperanza de sustraer a las y los homosexuales de la represión y los intentos de curación. El modelo sexológico se complejiza al incorporar elementos del sicoanálisis —igualmente determinista, aunque ya no ubique la causa de la homosexualidad en la biología sino que en la sicología. Básicamente, Freud interpreta la homosexualidad femenina como una simple simetría de la homosexualidad masculina y una prueba de « inmadurez » en el desarrollo psíco-sexual de las mujeres. Simultáneamente, en Europa, en los años veinte y treinta, las lesbianas se hacen bastante visibles : en París, la celebre pareja norteamericana que une a Gertrude Stein y Alice Toklas organiza círculos literarios en el barrio artístico de Montparnasse. En Berlín se multiplican los lugares de sociabilidad lésbica antes de que el fascismo arrase con todo, asesinando u obligando al exilio o a la clandestinidad a lesbianas y homosexuales. En Londres, Radclyffe Hall publica su celebre « Pozo de la soledad » que le valdrá la violenta condena de la sociedad bien pensante (3) (Tamagne, 2000). A manera de contrafoco, en Francia la literatura heterosexual y la industria de la moda popularizan el ambiguo personaje de « la garçonne », mujer « moderna » de pelo corto y moralidad desafiante, pero que en sí no necesariamente es lesbiana.
De hecho, la palabra homosexual se refiere a un conjunto de prácticas sexuales, amorosas, afectivas, entre dos o más personas del mismo sexo. Estas prácticas individuales, si vienen a ser públicamente conocidas, generalmente conllevan la estigmatización y la represión. Pueden ser dadas a conocer públicamente en forma voluntaria por las personas involucradas, por medio del « coming out » o « salida del clóset », y así desembocar en « identidades » orgullosamente reivindicadas. Así como la palabra « gay », el término de homosexualidad tiene la ventaja de marcar una diferencia con la población heterosexual y de señalar que quienes se relacionan sexualmente o amorosamente con personas de su mismo sexo tienen una vivencia diferente de quienes se apegan a la norma social de la heterosexualidad. Sin embargo, el paralelismo que establece el término “homosexual” o “gay” con la situación de los hombres es muy reductor y engañoso. El feminismo ha demostrado ampliamente que la opresión patriarcal coloca a las mujeres en una posición social estructuralmente muy diferente de la de los varones en casi todas las culturas que se conocen. Para vivir su cuerpo, ejercer su sexualidad y simplemente, vivir, las mujeres están ubicadas en condiciones bastante menos ventajosas que los varones, aunque fuesen ellos homosexuales. Usar el término de lesbiana, por tanto, permite evitar la confusión entre prácticas que si bien son todas homosexuales, no tienen en absoluto el mismo significado, las mismas condiciones de posibilidad ni sobre todo el mismo alcance político según el sexo de quienes las llevan a cabo. Es así como en Francia por ejemplo, se usa poco el término “gay” para referirse a las mujeres, y si bien es cierto que últimamente, la palabra lesbiana ha pasado en el lenguaje común para designar a las mujeres homosexuales, inicialmente su uso fue especialmente reivindicado por el movimiento lésbico feminista para subrayar el sentido colectivo y político de dichas prácticas. En este contexto, la palabra lesbiana refiere a un lesbianismo político, que se plantea como una crítica en actos y un cuestionamiento teórico al sistema heterosexual de organización social. Según el análisis lésbico-feminista, dicho sistema heterosexual descansa sobre la estricta división de la humanidad en dos sexos que sirven de base para construir dos géneros rigurosamente opuestos y forzados a mantener unas muy desiguales relaciones de « complementariedad ». Esta “complementariedad” no es otra cosa que la justificación de una división sexual del trabajo rígida, que se basa en una despiadada explotación de las mujeres, en lo doméstico, en lo laboral, en lo reproductivo, en lo sexual y en lo psico-emocional. En este sentido, al problematizar y criticar el sistema heterosexual, el lesbianismo en su dimensión política cuestiona profundamente el sistema dominante, representa una ruptura epistemológica fundamental e invita a una revolución cultural y social de gran alcance.
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